martes, 12 de diciembre de 2017

AQUÍ VIENE EL SOL


                                                             

                                                                   
                                                                     
                                                       
                                                                amanecer en El Rasillo de Cameros

                          Aquí viene el sol hijo
Ahora que se deja
Que remolonea
Que todavía es un muchachito rubio
de bucles en llamas
como el que te sale
del lapicero
Míralo bien
Qué prodigio
que todo lo que somos
naciera de su corazón
Que su cedazo
decantara
la belleza de nuestra pequeña vida
¿No es mágico?
¿No es increíble?
El luminoso ciego
que nos hace dar vueltas
y vueltas
en la badana de su honda de seda
que no se quiebra
que nos lleva de viaje
en nuestra vagoneta azul
al miedo
de lo infinito
pero tan suave
y dulce
tan de tapadillo
que no nos damos ni cuenta
Que nos ha dormido
dentro
el desasosiego
de existir

Y siempre es así
La monotonía no le hace dudar
Ni media hora de recreo
se ha dado  hijo
Y puede que no
sepa que vive
pero tiene un arca dorada dentro
con semillas de vida
y toda su sangre de oro líquido
es de deber:
Soldadito rubio que nunca deserta

Y míralo ahora
se quema como un mártir
Como una madre entra al infierno
del sufrir de su hijo
para que cuaje la luz en todo
y vivamos

Si antes me venía
esa breve náusea
ese desgarrón de lo absurdo
de la vida
ahora a cierta edad
ya te reconcilias con lo eterno
Ya no te queda sitio
nada más que para la belleza

Mira ahí viene
Como una cálida hogaza de trigo
nos busca en la casa…

Hijo
¿No parece esto un sueño?
              ©Rubén Lapuente

miércoles, 6 de diciembre de 2017

EL VIENTRE DE OLGA

                                     
                                               
                                         
                                          

 "¿No es todo un milagro?
Si hasta la voz se me endulza
Si hasta mi ciego abrazo se agranda
Yo citada en la sombra
¡Que ya se mueve!
¡Que se despereza!
Y que suave aldaba llama
Que terciopelo me roza

¿Un saquito lleno de viento
de harina es la vida?

Y yo que hasta ayer era casi nada:
El vaivén de una espiga
La hazaña de una nube
Esa chica de la tienda
anclada como una farola
La que vivía al bajar la persiana

¿No es un prodigio
que el tiempo me olvide?
¿Que este sol mío de adentro
no pueda esconderse?
¿Que este incansable
paseo de mis manos
por el bostezo de mi vientre
se ensanche y se ensanche?

¡Y cómo imaginarme
que la alegría regalara lágrimas!

¡Eh! ¡Que ya se mueve!"
                   © Rubén Lapuente

lunes, 4 de diciembre de 2017

ODA AL PARTO NATURAL

                                                           
                                 
                                 
                               
                                 La mujer
entró en la blanca
habitación
Anochecía
Por las ingles
le resbalaba
un agua rosa rota
Le seguía el hombre
con el corazón
orgulloso
agitado
delicado con ella

Una mujer
de uniforme
la sonreía
la animaba
Y al cerrarle la puerta
se quedó por detrás
esperando
entre bambalinas
esa voz
desde la entraña

Todo estaba en penumbra
En silencio
Todo era íntimo
como una suave
caricia

Para empujar
y abrir una luz
la vida  a ratos
tironeaba
de la mujer
que entremedias
adiestrada
primeriza
jadeaba
como si fuese
el fuelle
de una lumbre
dormida

El hombre
entretanto
con las manos
por todo el cuerpo
la acariciaba
la dilataba
e iba haciendo
de su carne
lo que el panadero
con harina  
agua 
y fuego al alba

Y en el rostro de ella
se saboreaba
la solitaria belleza
del dolor
sin sufrimiento

Y la cama se le iba
haciendo pequeña…

El grito
desde la entraña
abrió la puerta
Y sin tocarla
ni un solo temblor
del vientre
navegaba en la misma 
barca del hijo
timonel
que empujaba
que retrocedía
que coronaba
la cabeza
en el espejo
que guiaba 
el hombre
hacia los ojos de ella…

Pegajoso y sucio
de sudor de amor
latiendo aún del cordón
sin pinzar
flujos de sangre
de vida
piel con piel 
sobre el vientre
de su madre
le dejaron
respirando
claridades

Y al olor
del calostro del pecho
comenzó a reptar
hasta 
la caliente 
ubre
de nieve…

Y sin separarlos
se quedaron los dos
al mismo tiempo
dormidos
         ©Rubén Lapuente

viernes, 1 de diciembre de 2017

LA FLOR SOLITARIA

                                   
                                   Mira esa flor solitaria
La que nace
del sufrimiento
Parece una mano insurrecta
La ves como la flor
del fusil
de un partisano
Como triunfal bandera
entre las piedras
Valiente
Acosada  Sola
Mártir
de un sueño cumplido
Y sabes
que te dice
que la vida no es fácil
Oh dilo siempre
Y más a quien nazca
en cuna de oro
Dilo siempre:
La vida no es fácil
Y quizás fascinado
la cortes
delicadamente
o puede que la envidies
por florecer
en el miedo
y bajo la suela
del zapato
le apagues la luz
para pisarte
a ti mismo
       ©Rubén Lapuente

lunes, 27 de noviembre de 2017

ODA A LA PAELLA

                                       

                             

                                                                      a Maui y Salva
Me invitaron Maui y Salva
a su casa de Carlet
a comer una paella
Uno no sabía
que hay un preciso guión escrito
en el valenciano paladar
del tiempo
Que hay un lento ritual
como el de esa novia
vistiéndose
en el día en el que
el brillo del oro de su alianza
bajo mil campanas
y vencejos
la hará florecer
Uno no sabía  
que el anfitrión
se casaba siempre con la paciencia
Que hasta que no termina
de unir
en uno solo
todos los sabores
de esa criatura sagrada
con cara de girasol
tostándose
al fuego de una falla
de leña de naranjo
no deserta 
ni un segundo
del fogón de su garita

Y sobre la mesa de Maui y Salva
ese único pesebre redondo
de vajilla para todos
Ese bajío de albufera de hierro
donde encalla el arroz
con sus judiones
como peces dormidos
Donde flotan esos islotes
de carne alada
como remansos de lujuria
Brotes verdes
de mimada huerta valenciana
y largas tiras rojas de pimiento
como atavíos de guirnaldas
de verbena en fallas
engalanan todo ese arrozal
de acuarela…
Con  su luz
Su luz
Como si saliera
del sol del pincel del mismo Sorolla…

Y sólo de cubertería
una cuchara
para cada boca
Como si nos revolcáramos 
todos juntos
en un vaporoso arrozal
Que el sabor vuela
si lo arrancas
de su tibia tierra
al ruedo de una fría loza…

Y antes del ágape
incrédulo
volqué despacio la cuchara
como en la playa
dejas escapar entre los dedos
tu puño de arena
Y la lluvia de granos
de ese arroz otoñal
caía
como cola de caballo
sobre el viento
como polvo de estrellas
que derramara 
la varita de un  viejo mago
ése del cucurucho
y túnica de tafetán:
el de la larga barba
blanca de chivo…

Y todo ese maridaje de un pueblo
en mi pobre boca
sin escuela  ni maestro
acostumbrada a ese oropel
pegote amarillo
en la marmita de los domingos
Lo demás
es cosa del silencio dorado
en la alacena de una boca:
allí donde se queda a vivir 
eternamente
nada menos que
junto  a cierto olor      
junto a cierto sabor
ésos que
sin llamarlos
vuelven de la infancia
               ©Rubén Lapuente

domingo, 26 de noviembre de 2017

BICHOS

                                 
                          


                               Puro y sin memoria
hay una fiera
mugrienta en su cuerpo
Capitán
de los arrabales
de la cocina
Rastreador
de sus cubiles
Hasta
de un adarme
triza
lo invisible
Su ojo y su reojo
sigue a todo
lo que se mueve
por el suelo
Y cuanto
más veloz sea
mas se clava
a gatas
las espuelas
para cazarlo
¡Es el único
del cosmos
que le ha visto
la jeta
a un gamusino!

Su lenguaje
lo aprenden antes
los bichos
que los
sesudos mayores
Al ácaro lo encuentra
riéndose
al trasluz
del suspiro del arma
de su madre
Al escarabajo
errante
le sube a la almena
de su castillo
para que aviste 
el confín
de sus poderes
Y a falta
de enemigo
le encierra
en la mazmorra
con miga de pan
de almohada
y puesta
en la cerradura
el tintín
de las llaves
Todo
hasta que el grito
de su madre
aplasta contra la suela
de su zapatilla
a su  amigo
de viajes…

Ahí empieza
a enturbiarse la pureza
Ahí nace la memoria
Y hacina
la primera gota
de cobarde
                                                 ©Rubén Lapuente