RECITALES Y ARTÍCULOS

jueves, 19 de abril de 2018

GUIÑOL

                                 
                           
Sorteando el tinglado
el teatrillo de la plaza
me alcanzó un relámpago
de algarabía
Eran los inocentes gritos
acallando
añagazas de bruja
Alertando
de emboscadas
de peligros
al despistado héroe
a su novia pura
Demoré el paso
para quedarme
en el rumor de la estaca
resonando
en la malvada cabeza
de trapo
Y me volví
para volverme  a ver
en el recuerdo
sentado en el suelo
ligado
por la maroma de otros brazos niños
entrando  en la fábula
sin miramientos
completo
con las mismas muecas
de tirria   de apego
de desprecio   de alerta
de miedo  de júbilo
que las que veo ahora
Todos los sentimientos
allí juntos
en aquel teatrillo de títeres
en ese tablado de las emociones
que quizás me sirvió
después
para olvidarme de mi mismo
en la penumbra de un cine
en la soledad de unos versos
en la agreste belleza que me rodea
o frente al deseo
de un cuerpo amado
y  para ser
no como un niño
sino aquel mismo
que salía de la tramoya
como un limpio río risueño
colmado
de entregarse
a la hermosa mentira
de la vida
                ©Rubén Lapuente



Gorgorito en la Glorieta del Doctor Zubía. Logroño

jueves, 12 de abril de 2018

MEMORIAS DE ÁFRICA



(del diario de una soldado de la edad dorada)
Sedado pero lúcido
puedo imaginarme estar
bajo su piel macilenta
oyéndole el trote lejano
que se acerca sin ritmo.
Me lo balbucea 
a la cabecera de la cama
adonde acudo al oír
el grito de soledad
que me lanza su campanilla:

No he sido nunca una persona llana.
No he sabido fingir.   
He menospreciado a quien
no compartía mis emociones:
El álgebra, la música, la astronomía…
Nunca he hablado por hablar.
Y ahora que llega
ese afilado runrún sin melodía
voy a ser el mismo
que ha vivido siempre solo
pero fiel conmigo.
No me arrepiento de nada.

Eh Santiago…
¿Y si le ponemos música
a ese zumbido?
¿Y si viniera mi pequeño Mozart,
aquí, con su clarinete y la partitura
de tu enamorado adagio:
el de Memorias de África ?

Medio vestido para el concierto
puedo imaginarme estar
bajo ese traje con babuchas
sedado pero lúcido
mientras la caña de mi hijo busca
su frescura y el aire
su vericueto en el ébano…
Y Mozart vuela
con ojos de tierra
sobre la sabana de su memoria
sobre la estampida
de una alimaña voraz
que de pronto…
(lo noto en su rostro)
enmudece e interrumpe
por un adagio
su devastador viaje.
                    ©Rubén Lapuente


miércoles, 28 de marzo de 2018

LOGROÑO MON AMOUR

                                 
           
Logroño
Qué sencillo eres
Qué campechano
Qué poco ahogas
Qué poca prisa nos metes
Sin laberintos
Ni sombríos atajos
Ni madriguera de salteadores…
Qué niño
no se soltaría de la mano

Logroño no te asedia
en el trabajo  
Invisible holgazán
mientras espera
a que guardes los papeles
de la oficina
A que suene tu sirena
para mirar cómo
empieza tu gozo
dudando  
entre esa miriada de bares
que jalonan las calles
porque cada uno
despacha
una joya culinaria distinta:
esa tapa de oro en la barra
que te persigue su olor
hasta cuando  
simplemente
pasas por debajo del imán
de su alocado
molinete en la puerta
Nos vemos en los bares
porque Logroño
es un lagar lleno
de racimos de uva púrpura
que vendimiamos
pisamos   
bebemos juntos
que de niños  
con un sarmiento
de alfanje atado a la cintura
fuimos capitanes
de esa infinita
almazuela de viñedos :
nuestro pequeño océano
de pámpanos  
para volver la mirada
siempre
por vez primera

Logroño es una estrecha
calle fugaz   para   
de vez en cuando
darse un homenaje :
Senda de los elefantes la llaman
creyendo que
todos vamos a salir
con una trompa y a cuatro patas  
cómico
si no fuera porque 
esa vieja “calle del Laurel”
la del antiguo oficio del amor
ya  sólo es una colmena de tabernas
con su desfile
de tentempiés de filigrana
sobrevolando
ese brindis coral
en una misma
copa de vino de vida…
Y todo en esa enjaezada
callejuela
tan breve o tan larga
como sacarle
una sonrisa a  la tristeza…
Pero eso sería poco
si Logroño  no fuera
un andén del viejo
camino de Santiago hacia uno mismo
Una fuente
para aliviar los magullados pies
de toda esa romería  
de peregrinos 
que cada día
atraviesan la ciudad
sellándola
en la credencial de su alma
Y qué menos  que cruzar
con ellos una sonrisa
Qué menos que decirles  al pasar
y bien alto :
¡Buen camino!
Pero eso sería poco
sin ese brazo del río Ebro
que nos toma de la cintura o de la mano
que invita a asomarte por sus puentes  
a la belleza de esa 
nueva acuarela de agua
de cada mañana
que hasta hace bien poco
tan sólo era
el aburrido espejo
o de una historia de nubes
o del desdén nuestro
de vivir
dándole la  espalda…
Pero poco
sin ese enjambre de mercaderes
sin ese glamour
luciendo en las mil y una lunas
de los escaparates
que te obliga a caminar por las calles 
de perfil   créeme
como un egipcio bailando
en un friso 
de la antigua Tebas…

Pero Logroño  
también
es una muchacha con su carpeta
apretada sobre el pecho
esperando  
bajo los viejos  soportales 
amaine la lluvia
o es un joven  en un bar
dando vueltas y vueltas
a su primera copa
de amargo vino de olvido
esperando al desamor…

Y para verle tendido con una
brizna de yerba
paseándose por entre los labios
sube al monte Cantabria
Desde ahí  Logroño
Tiene melena rizada de río:
la tilde de su eñe
es un meandro del Ebro
con caladero de peces
en un cesto mágico  
para el orgullo de resistir
cualquier largo asedio
gabacho
Desde aquí  
las dos espigadas torres
de la Redonda
como dos enredaderas de piedra
aunque algo encogidas
por el progreso
aún pugnan   de puntillas
por su trocito
de cielo temeroso  de dios
aún toman primero 
la corona de laurel de la ciudad...
Desde aquí
viendo los cipreses
junto a la ribera
fosforecen los huesos amados
Sube el vaho del amor
o del dolor
del recuerdo siempre
Y si cierras los párpados
con los ojos abiertos
sientes que eres lo último
lo reciente     lo tierno :
esa  sucesión
de luz
de un cuerpo alumbrado por otro
que salió de otro  
en otro ser
y de otro…
de un primero
que aún hoy  
punza su memoria  
en tu espalda…
Desde aquí sabes
que hay algo
que te empuja a seguir
llámalo  Dios  o Naturaleza  
o misteriosa conjunción del azar…
Desde aquí comprendes
que    a cierta edad  
la vida:
eso que aún no sabes
del todo de qué va
por encima de cualquier cosa
es ver crecer lo que amas
               © Rubén Lapuente







jueves, 22 de marzo de 2018

TIRONOSAURIOS

                                     

Andaba siempre
por la casa
con sus bichos
Entrabas en su habitación
como a un parque
de atracciones
del jurásico
Una patrulla de reptiles  
velaba
su primera peonza
su bólido de cuerda
sus canicas
que ahora
reconvertidas
en huevos
incubaba una fiel maternal
tiranosauria
Hasta
en una cubitera
tenía a un triceratops  
haciéndole pasar
la edad del hielo
Y nada de saurios
con un hoyuelo en la barbilla
Los quería
bañados en azogue terrorífico
con  gordos golondrinos
de acné cavernario
Bien curtidos
en zurrar la badana
Ah  Y a punto
de descuajaringarse
de sanguinarios
las mandíbulas

Era su otra familia paralela
la de su planeta
bajito
al que llegaba
en un pestañeo
llevándose también
esa mueca de dolor
que yo veía que le
venía a veces
Esa espiga muerta
que brezaba
el viento de su sangre  
pero que
por esos andurriales suyos
de radiografías al trasluz
tan angostos
nadie le descubría

Y ahora que hago limpieza
de media vida
que vuelan al cubo de basura
tullidos muñecos
mancos soldados
descabezados títeres
parecería que tanto bicharraco
fueran sólo gramos
de escamas de goma
cadena de una manufactura
Pero cruzando
esa batiente puerta
de claraboya
tendido sobre
una sonora camilla camino
del pavor
viéndole apretarse
a uno de estos tiranosaurios
que vuelan  al olvido
sé  ahora  que hay cosas
que sólo pasan al principio de la vida
esas de un hilo de humo
de pureza
sin memoria suya mañana
pero  que yo
ahí estaba  para atraparlas 

Que pueda verle ahora
que viene  a su viejo nidal
ya espigado muchacho
vagabundo de su porvenir
Que pueda verle…
Oh afortunado de mi…
También…
También desde su olvido
                 © Rubén Lapuente